UN CAMINO TRAZADO DESDE EL EJERCICIO
INTELECTUAL DE LA FILOSOFÍA, HACIA
LA MULTIPLICIDAD DE ELLA.
PALABRAS Y VERDADES DE MICHAEL
FOUCAULT
Leer conlleva a un ritual, no obstante
cuando se invoca la pluralidad del pensamiento en una sana disertación para el
debate y la reflexión donde no se trasgreda y traicione el pensamiento del autor consultado,
es un reto. En ese sentido encontrarnos y arroparnos del pensamiento de Michael
Foucault en Palabras y Verdades y con ello observar como este personaje, crea una plataforma para darle vida
epistemológicamente a épocas como el Renacimiento y develar sus quiebres,
induce de igual forma a mostrar la relación entre saber, poder y verdades,
además de interpretar la razón y la locura dejando sentir que cada ingrediente va
promoviendo una sensación de reordenación del saber. Significativo sostener que
este autor crea una riqueza epistémica en torno a ese hilo único que nos separa
de la razón y reflexionar ante el misterio de ¿quien es el loco? Ello siempre en su archipiélago de saber, para destacar que existe un imperio de poder y que
este siempre va a prevalecer en nuestra existencia.
Hoy por hoy, cada argumento o pensamiento
plasmado por este historiador va a establecer una verdad incólume de esta
jungla llamada civilización. Pasearse por sus obras enriquece y nos llena de
preguntas que al mismo tiempo obsequia las respuestas. Develar entonces la vida de Michael Foucault es una obligación, un requerimiento necesario
para enriquecer la palabra, obligante
para los que se proponen ampliar el discurso, además exigencia para
entender el miedo. Sin duda que Michael es Francés de nacimiento, al venir al mundo en la ciudad de Poitiers,
Francia el 15 de octubre de 1926 sus ojos se cierran en París, en fecha 25 de
junio de 1984. Esta figura se dedica a las profundidades, a
los hechos internos del ser humano, pensamiento, ideas y sobre todo el discurso.
Convirtiéndose en historiador de las
ideas, psicólogo, teórico social, Filósofo, la cual estudia en la École Normale Supérieure de París,
ejerce la docencia en las universidades
de Clermont-Ferrand y Vincennes, tras lo cual le permite entrar en el Collège
de France (1970). Profesor además de varias universidades francesas y
estadounidenses y catedrático de Historia de los sistemas de pensamiento
en el Collège de France (1970-1984) en reemplazo de la cátedra de “Historia
del pensamiento filosófico” que ocupó hasta su muerte Jean Hyppolite. La vida
personal de Foucault en la École Normale ; fue difícil marcada por la depresión aguda debido a la
angustia de saberse homosexual, inestabilidad que lo condujo incluso a intentar
suicidarse varias veces. Como resultado de ello, fue llevado a tratarse con
psiquiatras y durante este tiempo, quedó fascinado con la psicología y obtuvo
una licenciatura en esta disciplina, una calificación muy nueva en Francia para
ese momento, además de una licenciatura en filosofía en 1952. Estuvo
involucrado en la psicología clínica, que le expuso a pensadores como Ludwig Binswanger. Es importante destacar la gran influencia de los filósofos: Nietzsche,
Heidegger y Freud en su ensayo titulado Las
palabras y las cosas (1966), en el
desarrolla una importante crítica al concepto de progreso de la cultura, al
considerar que el discurso de cada época se articula alrededor de un paradigma
determinado, y que por tanto resulta incomparable con el discurso de las demás. Del mismo modo, no podría pedirse
a un sujeto de conocimiento, que fuese esencialmente el mismo para toda la
historia, pues la estructura que le permite concebir el mundo y a sí mismo en
cada momento, y que se puede identificar, en gran medida, con el lenguaje,
afecta a esta misma esencia o convierte
este concepto en inapropiado. En una segunda etapa, Foucault dirige su interés
hacia la cuestión del poder, de allí que cuando nos sumergimos en Vigilar y castigar (1975) apreciamos un
análisis de la transición de la tortura al encarcelamiento como modelos
punitivos, para concluir que el nuevo modelo obedece a un sistema social que
ejerce una mayor presión sobre el individuo y su capacidad para expresar su
propia diferencia. De ahí que, en el último volumen de su Historia de la
sexualidad, titulado La preocupación de sí mismo (1984), defendiese
una ética individual que permitiera a cada persona desarrollar, en la medida de
lo posible, sus propios códigos de conducta.
Otros
ensayos de Foucault son Locura y civilización (1960), La arqueología
del saber (1969) y los dos primeros volúmenes de la Historia de la
sexualidad: Introducción (1976) y El uso del placer (1984). Durante
los últimos años del filósofo, los intérpretes de su obra intentaron ocuparse
de los problemas presentados por él, hecho que condujo a observar como que el
último Foucault parecía estar en conflicto con su trabajo anterior. Cuando se
le planteó esta cuestión durante una entrevista en 1982, Foucault señaló: «Cuando la gente dice, Bueno, usted pensaba
esto hace unos años y ahora dice otra cosa, mi respuesta es… [Risas] Bueno,
¿crees que he trabajado duro todos estos años para decir lo mismo y no ser
cambiado? “Se negó a identificarse a sí mismo como un filósofo,
historiador, estructuralista o marxista”, afirmando que “el principal interés en la vida y el trabajo es llegar a ser alguien más
de lo que era al principio”. En un sentido similar, prefirió no declarar
que estaba presentando un bloque coherente y atemporal del conocimiento; más
bien aspiraba, deseaba que sus libros “fueran una especie de caja de herramientas
donde otros pudiesen rebuscar para descubrir
herramientas que les sirviera en su área”… No escribo para un auditorio, escribo
para usuarios, no lectores. Se puede asegurar entonces que fue un crítico vehemente
de las instituciones sociales con mayor énfasis
de la psiquiatría, la medicina, las ciencias humanas, de los sistemas de prisiones, así como de la sexualidad humana. Estos análisis sobre el
poder y las relaciones entre poder, conocimiento y discurso han sido
ampliamente debatidos. En los años sesenta Foucault estuvo asociado al
estructuralismo, un movimiento del que se distanció más adelante, aunque utilizase
de un modo personal los métodos de dicho enfoque: Las palabras y las cosas
puede entenderse como una crítica a la pretensión sígnica, dejando de lado su
interés por las condiciones de modificación histórica del sentido. En
ulteriores trabajos y cursos desarrolló conceptos
como biopoder y biopolítica de especial
relevancia en la obra de pensadores políticos
contemporáneos como Antonio Negri, Michael Hardt Giorgio Agamben y Roberto Esposito.
Importante la grandeza de humildad de Foucault
al rechazar las etiquetas de post estructuralista
y postmoderno, que le eran aplicadas
habitualmente, prefiriendo clasificar su propio pensamiento como una crítica
histórica de la modernidad con raíces en Kant. En el texto “¿Qué es la
ilustración?” definió mejor su proyecto teórico como una ontología crítica
de la actualidad siguiendo la impronta kantiana. Inmerso dentro de algunas
influencias es importante destacar lo profundamente que se entrelazo por la filosofía alemana, en especial por la
obra de Friedrich Nietzsche. Precisamente, su genealogía del conocimiento es
una alusión directa a la idea nietzscheana de «la genealogía de la moral». De
allí que en una de sus últimas entrevistas afirmaría: «Soy un nietzscheano».
Reconocería también una deuda con el pensamiento de Martin Heidegger y sus
críticas al sujeto cartesiano y la techné occidental: "Heidegger ha sido
un filósofo esencial para mí", declararía en junio de 1984. Otra de las
verdades personales y pasionales de Foucault
destaca que fue miembro del Partido Comunista Francés de 1950 a 1953. Su
mentor, Louis Althusser, este le indujo a ingresar en él, pero pronto se
desilusionó con la política y la filosofía del partido.
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