viernes, 20 de febrero de 2015

EL ORDEN DEL DISCURSO




          

EL ORDEN DEL DISCURSO
   Es el titulo del tema inaugural de Michel Foucault en un colegio de Francia, el 2 de diciembre de 1970. Hoy a casi 43 años puedo asegurar (igual aseveración mantuvo Alberto González Troyano, traductor de la obra) que tan ejemplar lección mantiene todo su esplendor y espontaneidad en su rico y significativo legado literario. Tratar de aproximarse a este entramado en la condición de emitir un juicio nos convierte en osados aventureros del comportamiento verbal de este hombre que entretejía las razones del pensamiento discursivo. La exégesis de tan solemne trabajo consiste en adueñarse del poder de la palabra, en la avalancha que implica el hacer uso de ella.
   Su rigor y precisión discursiva son una invitación abierta a pasearnos por la esencia y grandeza del discurso. Es interesante admirar su orden e inquietud al no conformarse con esparcir un concepto sustancial del discurso, tampoco con señalar sus reglas, procedimientos, tabúes y condiciones, va mas allá traspasando esas conexiones y secretos que no son captados por el terror que implica la universalidad de la verdad al querer ser expuesta y experimentada. Palabra a palabra se van produciendo de forma sutil y lo fundamental con precisión, es difícil superar el poder del discurso; deviniendo esta razón nos conduce a lo obligante a lo que dice el discurso, es decir al poder profuso que sobrelleva en cuantía el control del discurso. En ese orden entre lo lógico e inalcanzable y a través de la intuición sensible, él permite la reflexión, el meditar sobre los frágiles que nos volvemos ante de iniciar un discurso, pero a su vez en lo poderoso que nos convertimos cuando nos hemos adueñado de la palabra.
   Michel Foucault busca desde ese arrebato de la razón, una respuesta, escudriña entre el verbo del poder, el miedo, la locura, se interroga sin aislar sentimientos para garantizar a la luz perceptible del hábil dialectico y sutil razonador de estar consiente de esa realidad de lo ya conocido. El poder que tiene la palabra cuando somos dueño de ella, para venir la pregunta ¿Quien en un determinado tiempo no se a sentido temeroso de ser el primero, de ser quien da comienzo a la palabra? ¿Quién no a querido estar ya introducido en ella, en ser parte del desarrollo? Principio absoluto para no ser indefenso a una misma realidad a lo evidente a lo valeroso que somos desde el exterior y desde el hecho lo poderoso que llegamos a ser dentro de ella.
Es difícil imaginar la realidad de la palabra hablada o escrita ya que su significado es poder o sumisión, es exclusión o es discriminación. ¿Cuánto bien podemos realizar y cuanto mal también al alcanzar el dominio de lo que pronunciamos? ¿Foucault rebela el poder y el deseo manifiesto en el discurso? Es imposible el no admitir la idea que deslastra en sus planteamientos la tesis y la antítesis, la razón y la locura por llegar a demostrar como la palabra del loco si bien no es escuchada, bien si lo era, en esta dinámica de identidad su naturaleza trasciende, trastoca hasta alcanzar su propia conciencia y diferencia como el discurso del loco es considerado nulo sin valor y en la acción infinita llega a suceder que se le confiere extraños poderes de enunciar una verdad oculta hasta el de predecir el por venir. 


El discurso de Michel Foucault es una sacudida a las palabras, es una manera de volverlas a colocar en un orden único,  pecando este de completo, su contenido o cuerpo contiene todos los pensamientos del hombre: poder, miedo, alegría, vacilación para alcanzar el dominio de la palabra y dejar las emociones dentro de un baúl, aislando cualquier mezquindad de la sapiencia , crea Michel un dialogo con la naturaleza de sus emociones y con la realidades vividas a través del dialogo por la historia de la humanidad

Doctorante: Yrma Spósito
Yrsi_s@hotmail.com

        






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